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Este árbol es como un hombre degollando víboras

¡Tenía tanto qué hacer afuera...!
Ay, ¿cómo sin darme cuenta
les he dejado enmurallarme?
Constantino Cavafis




En una cuarteadura de la calle
cien hormigas rojas le quitan la piel a las pequeñas larvas
que han salido del contenedor de basura.
Las veo hacer diligentes su trabajo,
no declinan,
ni siquiera cuando el Sol despunta como blanca inflorescencia
en los brazos de un árbol; la forma de las ramas
se pierde en una luminosidad pringosa, caricia obscena de amarillos.

Al mirar este árbol pienso en mi padre,
en aquella vez que me encerró fuera del mundo
igual que a un gato salvaje,en su risa de cascabeles
y en todas las lágrimas que no le he visto derramar
(pero que seguramente existen).

Me gustaría ser ave o flor engarzada en la fronda de luces
oviento sibilino en la hendedura del tronco, 
finalmente fugaz, fugaz y ligera, sin tanta evocación encima.

Mientras el soplo tibio de mayo enreja mis cabellos
vuelvo a los industriosos insectos;
han despellejado por completo a las prisioneras: nunca sabrán
lo que es batir las alas, burlar el cerrojo de una puerta,
posarse en el caramelo de un pastel, trazar una geodésica en el aire
para escapar del matamoscas.
¿Qué diferencia hay entre estos himenópteros
y la boa que constriñe al roedor?
Es como tener un trozo de Amazonas en mi barrio.

Mi padre siempre tuvo miedo a los reptiles,
lo recuerdo saliendo de su habitación en medio de la noche,
camisa abierta y machete enhiesto,
el filo sobre la testa de una víbora
con tanto odio
como si así degollara el mal en la Tierra.

Yo, en cambio, amaba a las serpientes y a las termitas,
aún más a los flamboyanes que rezumaban luz en el huerto.

Es naranja, sí, el fulgor que desprende
el ramaje sobre mi cabeza. El día apenas comienza
y ya luce oxidado
como la fotografía de un incendio que nadie extinguió.

Mortaja


Publicado en Nunca tuve la vocación de Ana Karenina, La Regia Cartonera 2012.


I

He vuelto a la cama, la misma cama de mi niñez.
La Luna parpadea en la cabecera,
redonda y pesada como una bola de acero pulido.

Olfateo la almohada vacía.
Me amortajo la cara con mi sombra


II

En mi sueño hay un campo minado
y un hombrecito se alza desde el parapeto:
                      ¿ha leído usted a Kierkegaard
                        antes del desayuno?

III

Loca, dices que soy una puta loca,
muñeca de trapo en una bañera.

Pero tengo una bufanda para ti –fractales de flores lilas–,
los colores de la lluvia en su contorno.
       ¡Mira!
Un poema se ha dormido en mi regazo.


IV

En mi sueño hay un río de agua bronca
y tú flotas amarrado a un mástil.
Los pescadores me hablan al oído:
      ¿ha orinado usted en el Amazonas
       con las bragas puestas?


V

Son las seis de la mañana y voy hacia la puerta,
llevo un tazón de leche fresca para mis gatos, gordos y perezosos.
Nadie me ve salir, ni afilarme las uñas.
Pronto desollaré a la gallina que hierve en el caldero.


VI

El olor de la carne hervida atrae a los gatos hacia mi ventana,
sus millones de ojos parpadean como soles.

La cama sonríe
con sus pequeños pliegues de seda.

El día se abre como una nuez.
Mi casa se va llenando de ruidos; el Sol relame los orificios de las paredes,
y sólo pienso en patear la silla donde te has quedado dormido. 



33

Antologado en Verso Norte, Bitácora de voces 2011. UANL / Posdata (2012)


Pronto tendré la edad del Cristo al morir
aquella en que nació Huidobro
la misma en que Dante escribió su Comedia
y me cuestiono
qué pueden significar dos números engarzados en la palma de mi mano
suena cursi –como gaviotas fornicando en el aire–

Me hago las preguntas más filosóficas mientras veo un video
en mi cámara Samsung: se la estoy chupando a mi esposo
él es rojo y dulce como las granadas
pero su mirada es antigua
                           y su voz un pergamino
lo comencé a querer una tarde
al descubrir en su fotografía los colores del desierto
(su cuerpo era un silencio a punto de estallar
ahora es un huerto adonde crecen todas las frutas)
me acaricia diciéndome
                         no hay nada nuevo
                         la pequeña larva que teje su capullo es tan vieja como la luz
                         que encandiló a sus abuelas moscas
                         no hay de qué preocuparnos
                         mañana regresaremos juntos a la orilla del río

Las tortugas

para Iris (sin razón aparente)
.
Ellas nacen viejas. Su mirada es antigua y soñadora. Hay especies terrestres, marinas y de agua dulce. Todas aman el sol. Caminan despacio y les es difícil volver la mirada; casi nunca retroceden y sin embargo no creen en el futuro. Permanecen quietas durante horas como si el tiempo se quedara pegado a sus caparazones.

Su carne –blanda, silenciosa, acostumbrada a los cardos y las algas– huele a piedra, a barro caliente, a soledad absoluta.

Son vulnerables ante los cazadores, pero muy difíciles de matar. Cuando ocultan la cabeza no es para evitar la bayoneta, sino para contemplar su muerte desde adentro –nadie les arrebata el destello de la última luz; nadie.

Su naturaleza es pacífica, buscan a sus semejantes por el simple gusto de respirar cerca de ellos. No gimen ni huyen al saberse atacadas; esperan pacientes a que el enemigo se fatigue de su propio horror.

A veces –sólo a veces– despliegan entre sus fauces una mordida letal.

Siempre están de viaje. Llevan consigo su casa a todas partes y no guardan más que lo absolutamente necesario: una talega con agua y un manojo de recuerdos.

Cierto día de otoño, cuando han andado mucho y sus huesos porosos y tristes comienzan a quebrarse, amanecen convertidas en roca, un mineral durísimo, tornasol, pesado como los meteoros y limpio como el cristal. Nada puede alcanzar la nervadura roja de su corazón, ni el viento ni la lluvia ni los cascos de los caballos. Ni el peso de los tractores ni el veneno de las mantis. Ni la picadura del alacrán ni el cascabel de la serpiente.

Entonces, en esa quietud perfecta y majestuosa, se quedan soñando eternamente aquellos días vetustos en que sus abuelas reinaban sobre la Tierra.

Destino

Poema leído durante el ciclo "Autores tamaulipecos en primera persona" del XIII Festival Internacional Tamaulipas. Octubre 1 de 2011. Antologado en Verso Norte, Bitácora de voces 2011. UANL / Posdata (2012)



El olor del estiércol me endulza la nariz
(es el perfume de la muerte)

Las vacas
apiñadas en su cárcel
pasan bajo el puente de Altamira

Hace un año colgaron aquí dos cadáveres
una mujer     un hombre
las cabezas cubiertas por una sombra
aún hiede su sangre pastosa
humus     pólvora     mantequilla derretida

Pero yo no sé a qué huele la muerte
la he soñado
y ésta bien podría ser la continuación de aquel sueño

Decenas de ojos
–redondas y estúpidas canicas–
         parecen gritarme sálvanos
algo dentro de esas mil toneladas de grasa y pezuñas
conoce el camino: van al matadero

Su piel será cortada en trozos irregulares
manos diestras limpiarán la sanguaza
lienzos velludos envolverán los muslos de las muchachas
el ego de un niño rico     la mesa favorita de un antro

No puedo evitarlo
                           pienso
mientras me alejo del doble remolque
                                 donde se cocina el futuro
.
.

Como si fuera posible morir

Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas. Martes 28 de junio de 2011.
.para Haku
.
I


hazme nacer tulipanes en el pecho
cantar en lo hondo de mi tumba
tierra caliza ......cristal desmenuzado .......pelusa de durazno
leche o tempestad

ninguna lágrima, hijo, ninguna lágrima
rompa la nube de tus ojos
la corteza de tus labios
....................al besar mi cuerpo

.
II

aun las hienas de la estepa lloran
cuando el acero corta su pecho húmedo y caliente

manada de agujeros negros
se tragan las estrellas

brota una semilla
nueva y reluciente como el odio
es el invierno
...................dirán las aves
en su lecho de corazones congelados

.
III

es mentira la nieve
−su esquelética frialdad−
es vano el graznido de los árboles

bajo el manto de los tímidos fractales duerme Dios
flota su cabeza de anfibio
...........................el cráneo roto
de tanto hilvanar el sueño de los lobos

.
IV

que amarga sabe la ceniza del olvido
radial simetría
que borra los silencios de la noche

.
V

soy madre tuya
porque el agua de la vida entró en mi cuerpo

ahora
vuelvo a gestarme en tu vasija de hombre

.
VI

no atiendas
la oración de las lechuzas
el renquear de los perros
no seas como el canario despeñado de su canto
−corteza apelambrada de gusanos−

mejor volcán o lluvia
ceiba de navajas que me envuelva con su fronda
relámpago de arena que barra las ausencias

.
VII

así
como el sol tañe sus tormentas ruidosas y profundas
                así, al ras del horizonte
.
.

fotografía

.
.
.
.
.
.
... ..............yo
.
el vacío junto a mi propia silueta
.
.
.
.
.
.
.
.

El amor es un bisturí

Este poema fue publicado, originalmente, en la plaquette Crónica del silencio (Letras de pasto verde, 2009); algunos fragmentos aparecen en las antologías Verso norte, bitácora de voces 2011 (Posdata / UANL, 2012) y Memorias del I Encuentro de mujeres poetas del Noreste y V Encuentro de mujeres poetas en Huejuquilla, (Tintanueva, 2010)


.
…no eres tú, mi dulce amor, no eres tú.
En realidad estoy dando a luz a la mujer.

La flor humana es exhibida al centro de la mesa,
completamente desnuda,
sin la eterna sonrisa del Alba: ella permanece afuera,
acicalando su pelaje púrpura, junto a mi madre y mi esposo.

El río amniótico adereza la ígnea soledad del cuerpo
–sólo es un cuerpo, no un ser.
La palabra alma es un agujero por donde se fuga el oxígeno. 

                                         Aquí nada es íntimo.

Alguien, como un escualo, hurga entre la claridad y el agua.
Un nombre desconocido me cubre de azul el rostro.

Ahora el filo, el denso aroma rojo, los dedos
apretados en el látex, la pezuña eléctrica del mar en la ventana,
el grito negro del aire coagulado, su invisible got got got


                                                te están arrancando de mi vientre.

                                 *    *





¿Qué es esta redondez fría colgada sobre mis ojos?
Me ha dejado aquí un gigantesco simio, su mirada hueca
se pierde en las corrientes de aire
como el grito de un moribundo al fondo de un pozo.

Todo es insólito, un espacio yerto,
                                              sin forma, sin colores.
Blancas marionetas van y vienen
como grullas de largo pescuezo inyectándole azúcar a la Realidad.

Dos manos de carnicero te traen hacia mí
envuelto en algo incomprensible: un manto de pléyades
o una bufanda de luces.

No reconozco nada en ti.
Las caricias de los bebés molusco se adhieren
a mi sueño con húmedas ventosas.
El milagro retrocede: noches infinitamente largas
                                  esperándote.

Y el cielo abierto, mi amor –te me has caído del vientre–,
una vasija redonda con olor a sangre,


                                         moldura exacta del primer llanto.



                                       *     *




ross     ross     ross
un útero resopla en el hueco de la habitación,
perdidizo
arrima el torvo cuello a mi entrepierna, la zona más íntima y oscura.
Sus brazos han echado raíces por debajo de la cama.
                   Tiembla.
Encorva su abultado lomo preparándose a caer sobre mí.
¿Es el monstruo del que hablaba mi madre,
el que se lleva a los niños al venir la noche?

Busco tu mano diminuta para sostenerme.
                             Hace tanto frío.
Me acurruco en medio de tu puño, entre los dedos
que reman y reman
hacia un país lejano, un país de algodones y rosas
donde un río de leche dulce alimenta
                                                           por siempre


                     a los náufragos.



                                       *     *



Todo en orden, el escalpelo hizo bien su trabajo.
Las paredes, blancos y silenciosos capullos,
envuelven mi cuerpo.

Los vendajes son flores.
¿Jazmines?     ¿Acacias?     Un jardín extraño.

La quietud es abrumadora. No puedo hacer otra cosa que mirar
este diáfano tubo en mi costado, la gota, su caída infinita.

Apenas un fantasma llega de puntillas:
no es el esposo que tomaría mi mano
en la trinchera, ni la madre que entonaría
plegarias a Dios. La puerta está cerrada.
 La limpieza de los muros me recuerda la nieve en Vancouver.
En realidad nunca he visto la nieve, salvo en los ojos
de una mujer a punto de morir (su nombre 
era un zumbido de moscas en un respirador artificial).

Sólo puedo tronarme los dedos bajo la sábana,
esperar a la enfermera. Que traiga más penicilina.
 Que me arrope los pies. La hora de visita.



                                       *     *

                   
El crepúsculo es una fiesta o una batalla.

¿No es un confite parecido a las granadas
y el rostro de un niño en éxtasis
tan luminoso como el de un soldado?

Un ejército de brazos
invade la pequeña cuna, te hace volar por los aires,
delicado zeppelín de caucho.

¿Sientes el ritmo de caracoles eléctricos,
ese raro sabor a petróleo debajo de la lengua?

Pálidas mujeres me vendan los ojos con frazadas de bebé.
Las escucho parlotear como locas.
                                      Hablan y hablan
de sus irremediables días y de sus hombres atados al fuego,
a la raíz de una llamita obscena.
                   ¡Oh!, el ácido rumor de sus recuerdos.
No soy como ellas pienso no soy como ellas cuando
se rasgan el vestido y muestran, orgullosas,
un par de cicatrices, heridas de guerra,


                      tarjetas de presentación de la maternidad.



Crónica del silencio

Del poemario Crónica del silencio. Letras de Pasto Verde. Colección El Celta Miserable. Proyecto coordinado por el poeta Mario Islasáinz. Orizaba, Veracruz. 2009.

No somos nuestros enemigos.
Y estamos en el umbral de los ángeles
para encontrar de nuevo su sonrisa.

Thelma Nava

I

Te masturbabas pensando en los ángeles,
esos eunucos
atrapados en el papel secante de las noches infantiles.
Habías encontrado el Paraíso
en aquel viejo libro que tu padre guardaba en el buró,
junto a la radio de bulbos, cerca de la ventana
roída por los pájaros.
El aire, mosca borracha y temblorosa,
se quedaba pegado a las letras
en la humedad de mayo.
Ahí agitaste por primera vez la suave lujuria
de tus años mozos, la leche mansa de las palabras,
el hilo púrpura de una estrella, su cuerpo de ave,
de sirena o de molusco.
Ahí aprendiste a dibujar tu nombre
en una pared sin rostro, años y años
adheridos al hueso de las tribulaciones.

Pero los ángeles
se fugarían
de las páginas donde tu padre los había encerrado.
Una tarde,
simplemente, como polvo de mar, sin explicaciones.

Te pasarías la vida buscándolos
en la penumbra de todas las iglesias,
la claridad de todos los burdeles, en cada forma de muchacha
al declinar el Sol,
cada volumen de las bibliotecas de Tampico
–por si Dios había fotocopiado sus retratos–,
cada oficina del tiempo en la memoria de los días
...............sin hallar
nunca
nunca sobre la Tierra................el silencio de sus miradas.
.
.

de la maternidad

(fragmentos)
.
.
Afuera
...........d e s p r e n d i d o
el Sol te contempla como si fuese tu madre –una mujer de helio,
titánica dulzura.
Sus rayos anhelan tocar tus sienes con vigorosas guirnaldas.

....................El llameante corazón es dueño de toda travesía;
....................el dorado puño, testigo de todas las épocas.

Yo sólo tengo una flor, un tiempo, un éxodo.

Estoy rota de ti.
........................¿Es posible otro destierro?

El Sol es ahora mi hijo
y yo misma una puerta abriéndose a la luz como una estrella.
.
.
* *
-
Yo también fui un árbol,
como mi madre, como mi hermana,
como toda mujer sobre la Tierra.

En mi follaje solfeabas notas perfectísimas;
.......detenido el vuelo,
.......el canto y el ala muy adentro.

Ahora soy la lluvia,
silenciosa filigrana de relámpagos.
El mar.
La quilla roja de un barco en tu mirada.
.
.

* *
-
Retornarás a mi vientre
como el náufrago al navío que lo arrojó al mar, lleno de sebo y gritos,
acedado en el agua de todas las transparencias:
un Atlántico
perfectamente vacío, vacío
como el cuenco en las manos de Dios cuando amasaba el Universo
–apenas un sueño diminuto– sólo para nosotros.
.
.

invención de los recuerdos

publicado en el libro Tiempo sin orillas. Voces de Barlovento (2009)

.
Al filo del balcón se rompe la ciudad:
camiones......librerías......perros......alcantarillas.
Vuelan desde el noviembre de enfrente
balones sucios de muchachos.
Riiiing......pupitre......portafolios......gises y pizarras
el profe con cara de noquierodarclase.

Silenciosa, te invento en el rayo de ventana
que desdibuja el presente.
Caminas ungido de tristeza,
un saborcillo lento de esperanza en la lengua.
Tu mano mozuela en mi abandono.
Sonrisa de infanta acorralada como gata.

.....Dios me arrulla en su camisa negra
.....igual que a una niña de cristal
.....en caja de tentaciones.
.....Los pájaros de la costumbre tienen rotas las alas.

No quiero regresar a mí
la gente muere.....la gente jode.....la gente lame
la gente sufre.....la gente llora y finge que llora.
Lo aprendí de mis hermanos,
lo aprendí de la sangre andariega,
lo aprendí del noticiero de las doce.

Toda una vida caminé entre el rebaño de tortillas,
zapatos raídos y medicinas de rebaja.
Serpenteaban los niños por un camino de púas,
madres.....obreros.....campesinos
médicos y sastres.....codo a codo
ultrajados por el tiempo.

Los mismos ojillos pétreos me arrinconaban
desde un huerto solitario.
Ciruelas derramadas en los callos viejos
de un viejo sentado rumbo a Nunca,
desnudo de esposa y de hijos.

Entre sorbos de girasoles respiro a Dios,
más grande que yo.....más sabio que yo....más triste que yo.
Sus ojos se parecen a los ojos de mi padre,
ojos abisales en abismos de niñez.

Largo negro de trenza sobre el poliéster a cuadros,
tulipán en los nudillos.
.
Voz reseca de una directora gorda
llegas tarde.....siempre llegas tarde

mamá entintada en libros huecos
.....Shhht....no maldigas....no desees
la barriga caliente de mi abuela
.....todos morimos.....la pelona no escoge.

Y tú, acurrucado bajo el soplo de los gatos,
como gato maúllas una invisible cadena
en el pelambre oscuro de las horas.

Las cobijas del otoño enraman la cama
deshojada en truenos amarillos
como en los tiernos días que olían a mandarina.
Amansábamos la calle,
escritura al hombro,
tobilleras desdobladas,
hoyuelo espinoso en la barbilla.
Soñábamos un jardín de fuego
bajo pliegues de lluvia.
CRECIMOS.....nos manchamos
nos herimos
nos arrancamos de nosotros mismos.

Ahora me miras llorando en la cocina
con Van Gogh doblado bajo el brazo
y en los dientes un olvido.

.....Niña, húmeda de gritos.
.....¿Cuándo aprenderás a vivir?

Y tu lástima lastima mi existencia
cuando finjo que existo.
.
.

mi herencia

publicado en Saloma. Letras entre ríos. Vol. III. Septiembre de 2006..

.
¿Cuál es mi herencia, madre?
Es triste echar un vistazo al espejo,
tristísimo amarte
y palpar en sueños tu vientre
donde la palabra es muro y nada.

Ungiste tu óvulo
a un semen pastoso con olor a soledad.
Me llamaste hija
por costumbre o por parecerme a la Luna,
y arrumbaste mi pellejo
en los escombros de tu voz.

Resabio de imposibles.
Mi cuerpo achica la nostalgia
para naufragar en aguas pétreas.
Oleajes quietos de amargura.

Vuelvo los ojos
al crepúsculo de un viernes,
un martes, un quizá cualquiera.

Tus días y mis días eran tempestades,
el amor se despertaba mudo
roto....sin aliento.

La niña se ha dormido, madre,
otra huella, otro bagaje,
otra cruz, llenan las grietas de este cuerpo:
rígido palacio de nervios.

En la página de la memoria
caben tus manos, tu vestido rosa pálido,
todos los minutos de octubre
y el roce perdidizo de tus labios.
.
.

La niña quiere cantar

publicado en el libro Seis Alaridos. Voces de Barlovento Editores. Volumen colectivo (2005).
.
..
Es un corazón
este holocausto en que me adentro,
oh dorada criatura que el mundo ha de asesinar y devorar.
Sylvia Plath


La niña quiere cantar, almenas de hueso aplastan la inocencia.
Ajado corazón, despojo de latidos,
fábula de Dios maligno y bello en verdes lejanías de opio.
Nadie oye, carnaza del silencio,
en flamas de añoranza arde la palabra.
Oh, encarnado vergel de sangre. Purifica la hoguera
un millón de raíces, túnicas, chancros de olvido.

¡Atiza, pequeña!, escupe, remueve la hulla del ojo,
tótem de humo bárbaro; canta diáfana canción de fuego
hasta devorar luz como la noche
hasta gemir como bebé de Hiroshima
hasta encender las yescas del mundo
dulcemente oscura como una madre muerta.

Lames el falo de la vida, eléctrico sabor de mariposas;
vueltas y vueltas y vueltas cada vez más letales.
Presientes el fin, tus pies como rosadas gemas atrapan aire
en su hueco. Pronto, muy pronto, la música de arena
disolverá su nota y esa putilla de cuencas podridas
en lento striptease arrancará la toga al lujurioso cadáver.
.
.

Responso por una muerte anunciada

publicado en el libro Perros de agua, nuevas voces desde el sur de Tamaulipas. R. Ayuntamiento de Tampico y Míguel Ángel Porrúa (2007)
.
.
I

Te amo, hermano, desde esa tarde violenta
cuando tus ojos –cuervos de mármol–
afilaron sus garras en mi cerebro.
Venías de una tierra extraña, perseguido por la tristeza,
huyendo de la locura, sin un peso en el bolso,
sin voluntad en las costillas.
Tus pulmones humeaban, tu corazón se movía
como impulsado por un alambre roto.

Te miré desde mi trinchera de piedra,
polvo de siglos y siglos y siglos,
niño de ancianidad colgante con tres hijos
y una esposa en la entraña.

Dejaste atrás muchos puertos, antros de mala nota
donde no quisieron saber más de ti.

.........En Tampico será diferente.

Dormiste en mi casa, comiste en mi plato,
gruñiste en mi mesa. Parecías un samana rebelde,
un mago, un Jehová de pellejo y uñas.
Hablamos por seis horas –las seis horas
de nunca en nuestras vidas.
Cazamos a Cristo con una ballesta, lo disecamos
en palabras errantes. Universos paralelos,
ovejas del Espíritu Santo en busca del signo absoluto
de haber nacido, ajenos a existir,
tan nosotros mismos arrumbados en distancias de café.

Pediste permiso a Dios para visitar el Infierno, hermano,
el mismo Infierno del que escapaste
–la Muerte en un viejo bar detrás de las vías–
como hace veinte años, hace tres meses,
cada viernes, cada sábado, cada minuto…

Bebiste cerveza con la mitad de tu razón
y la mitad de tu alma hasta enfurecer como un lobo
y arrancarte a jirones los nervios.
Adormeciste las tres cabezas de Cerbero.
Hablaste del Génesis Apocalíptico, de ángeles bestiales,
de la Teoría de las Cuerdas, tiempo torcido hacia dentro,
paráfrasis del absurdo, antiguas deidades
de negro pie alzado al techo del Mundo.
Sonreías como bufón triste de cara bronceada,
zapatos perdidos, rodillas estáticas,
obsesión por el Todopoderoso,
él te salvó, te salvaría siempre, lo creíste.

En tu mente se dibujó un escenario:
reflectores.....aplausos.....barítonos....trompetas.
No veías a los ebrios golpear quimeras,
ni a las putas de pechos inmóviles,
ni al solitario vagabundo, acordeón en mano.
Te oías a ti mismo,
rencor maquinal de Hades en carruaje de espinas.

II

Hay quienes leen tragedias en libros.
Tú eres el Libro, hermano, tinta de Blake,
dragón de fuego lúcido y verde,
traficante de ofertas en manicomios etílicos,
vino ácido en gangrenas dialécticas,
manzana del Paraíso en un vaso de whisky.

Hay quienes van a Irak a pelear guerras.
Tú eres la Guerra en un callejón baldío,
aleteo de relojes, horno de hidrógeno,
inteligencia en la morgue del cráneo.

Hay quienes viven jornadas en escritorios
y van los domingos al cine.
Tú haces vigilia de Luna nueva, cobertor de nostalgia
tras los barrotes de un muro.

........Puedes dormir, la banqueta está sola.

Mil noches entubadas en suero, ampolletas de aceite,
lágrimas de una madre hundida en silencios,
cáliz de sed, alcoba hueca.
Promesa después del síncope:

...........Voy a dejarlo en manos de Dios,
...........si Dios tiene manos, si Dios tiene a Dios

Como el primer día, hace veintitrés años.
Eras un mocoso, guitarra al hombro, y en tu alcoba
un órgano gris –papá y mamá
vendieron la casa amarilla para comprarlo.
Dormías en restaurantes del D.F.
buscando en el espejo un rostro que no fuera tuyo,
pero siempre tu rostro asomaba
en rumores de Jazz y fox-trot pasados de moda.
Sólo querías hacer música, articular sinfonías,
pentagramas a media ciudad,
destruirte despacio, suicida de oficio en resaca de sueños.

Nunca te gustó la escuela, enseñan cosas inútiles,
ni oficinas ni horarios ni jefes.
Mirabas por la ventana de las religiones,
te hiciste Chamán, peleaste con edificios y coches
en pleno diluvio maldiciendo tu suerte.

III

Estoy contigo, hermano, en el Viaje,
antes de ser carne, antes de flotar en un vientre,
antes, mucho antes de correr por los suburbios fríos
del pensamiento con úlcera invisible.

Soy tu sombra, ombligo izquierdo de tu instinto,
la niña arrumbada en el desván mientras bebías,
fantasma en una botella con chirridos de vidrio.
Conociste a papá y mamá cuando mis células eran espuma
y en mi boceto no había latidos ni columna vertebral.
Yo era Nada.
Tú corrías por las calles, entonabas canciones,
tenías barros, leías cómics.

Te abrazo, hermano,
salvaje como yo....desgarrado como yo....serpiente como yo.
signo fervoroso de Caín en la frente.
Bajo el fardo del espíritu habitamos nuestra tumba.
Se eleva la noche rugido sin fondo
sin dientes....sin lengua
......................................Sol precipitado al vacío.

IV

Glug glug.....sangre en estampida
tótem....soplo....fémur....dermis.
Sangre generación prisionera en el Ojo
sangre cirrosis eterna....sangre de muslos orgía de intelecto
sangre veneno de infancias vendidas.

Glug glug.....la sangre nos llama
sangre sagrado imperio....mesiánico beso.
..............................Glug glug....¡Sangre! ¡Sangre!
Fraterniza....engarza....exprime....jode....aplasta.
Cadena perpetua....grillete de fruta prohibida
designio de viento....salado estribillo de horas cortantes.
Vomitas mi nombre.
Glug glug ¡Sangre! ¡Sangre!
Espiga en el fango....erección de minutos
atmósfera líquida.....Estoy loca.....¡Sangre! ¡Sangre!
Moldura de navaja en las venas....cianuro en almíbar
dedos cortados en pacto salvaje.

El sepulcro final....Hermano....sepulcro con dientes
cuernos de chivo....madonas de piedra
tenaza de lumbre....luz victoriana....abierto sepulcro
palacio de vidrio....sepulcro con uñas
Hermano....el sepulcro....Hermano....el sepulcro
.
.

.