La seducción de los Demonios

Texto leído durante la presentación de "Poe, la estética de lo grotesco", homenaje a Edgar Allan Poe por el bicentenario de su nacimiento. Evento multidisciplinario: letras, música y artes visuales. Patronato de Bibliotecas Municipales. Biblioteca Isaura Calderón. Casa de la Cultura de Tampico. 13 de noviembre de 2009.

A DOSCIENTOS AÑOS DEL NACIMIENTO DE EDGAR ALLAN POE
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I. PRELUDIO (ASEDIO POÉTICO)

El hombre, el chamán, el artista, el vagabundo, el visionario, el licántropo, el amante, el pedófilo, el romántico, el poeta, el sádico, el pagano, el dandy, el hereje, el necrófilo, el maldito, el descendiente del Parnaso, gemelo de Baudelaire que engendró a Mallarmé, padre de Cortázar y de Bradbury, favorito de Niesztche y de Kafka, titán que encabeza una legión, eterno y codiciado por el mismo arcángel que a Satán Trimegisto encadenó, Edgarpó, Edgar a Poet, Edgar Poe, Edgar Allan Poe.

Los demonios cantan para mí, Señor, esta noche, su voz relámpago se cuela entre mis huesos. Danzan los cuervos en un círculo de estatuas: la lluvia, la lluvia nos muerde el rostro a los que somos solos. Las alas de los pájaros rompen el silencio. No hay palabras, Señor, no hay palabras, sólo el álgido abrirse de la cripta
.....................................................algo como sangre...... el hedor de la sangre
El húmedo sollozo de las dríadas. Hojas afiladas en el aire. Lienzo púrpura de agua, el vuelo lento de una estrella. Evocación de ángel o chacal. ¡Salta de tu órbita, ojo de buitre! Reloj estrangulado por las horas, gime tu agonía. Plutón está sediento, el monstruo emparedado se arroja desde el cráneo de la Culpa hasta tu vientre.

II. POE, EL EXPLORADOR DEL ALMA HUMANA

Edgar Allan Poe, genio del Terror, creador del género policíaco en la literatura, llegó al mundo el 19 de enero de 1809. El sitio: Boston, Estados Unidos de América. Nos advierte Cortázar: “Nació allí como podría haber nacido en cualquier otra parte, al azar del itinerario de una oscura compañía teatral donde actuaban sus padres, y que ofrecía un característico repertorio que combinaba Hamlet y Macbeth con dramas lacrimosos y comedias de magia”.

En el prólogo a un volumen póstumo de las obras de Poe, Baudelaire señalaría: “advirtamos que este autor, producto de un siglo engreído, hijo de una nación más engreída que ninguna otra, vio claramente, afirmó imperturbablemente la maldad natural del hombre”.

La existencia del creador de Las flores del mal correría paralela a la del autor de El Cuervo. Baudelaire, en la lengua de Moliere –como Cortázar en la de Cervantes–, se encargaría de traducir y promover a quien llegó a considerar su hermano espiritual.

Conocemos, con más o menos detalle, la historia de Poe: sus padres fueron víctimas de la tuberculosis (aunque no queda clara la suerte final de su padre) y antes de cumplir los tres años de vida, el pequeño Edgar iniciaría, en la orfandad, un destino donde el amor iría siempre acompañado por la desgracia. Desde Helen, su primera pasión juvenil, arrastrada hacia la tumba por una terrible enfermedad, hasta su esposa-niña Virginia, quien languidecería dolorosamente en un miserable cuartucho adonde, también, la tuberculosis ganaría la batalla.

Gran explorador del alma humana, entre los sueños de libertad y de progreso de su época, Poe vindicaría la maldad como primera naturaleza del hombre. “Nadie que consulte con sinceridad su alma –dice en El demonio de la perversidad– y la someta a todas las preguntas estará dispuesto a negar que esa tendencia es absolutamente radical”.

Mucho se dice de lo que Poe haría si viviese en nuestro tiempo, que trabajaría en la vena gore, que haría películas snuff. Cierto es que su obra es, por completo, atemporal. Sus cuentos y poemas se hunden en las regiones más primitivas de la consciencia, esa zona oscura de nuestra mente de donde la Civilización no ha logrado expulsar a los demonios. ¿Cómo explicar la fascinación de las masas hacia personajes como Hitler o Charles Manson? ¿Transcurre un día en nuestro planeta sin que la locura, el crimen y la miseria se manifiesten?

El paso de Edgar Poe en el mundo nos recuerda, por su violencia y rapidez, al vuelo de un péndulo. Su afición a la bebida le conduciría, finalmente, a esa ribera de la que no se retorna jamás. Delírium Trémens. Baltimore. 7 de octubre de 1849. “Qué Dios ayude a mi pobre alma”, fueron sus últimas palabras.

III. EPÍLOGO (ASEDIO POÉTICO)

Oh, Señor, devuélveme al amado, déjame alumbrar la cicatriz de su pupila, beber el láudano en sus labios.

Tú que aderezaste con la lira el coro de las musas y diste a Faetón la brida de los áureos caballos, y al dedo colosal de Zeus hiciste brotar escandaloso estruendo; tú que a la orgullosa esfinge arrojaste al abismo para llevar a Edipo a fornicar con su madre; Oh, tú, Señor, que a orillas del Nilo, en las arenas eternas del dolor, elevaste el sueño mineral de las bestias; que cubriste de oscuridad la Tierra por mil años y sembraste la mefítica flor de la desdicha, y nombraste América al lugar donde habrían de caer los Evangelios como balas de cañón, y en el fragor de veinte siglos romperías el núcleo de los átomos para sentarte en un trono maquinal de serpientes radioactivas.

Oh, Señor, toma mi mano trémula en esta zona de la noche, llévame al país olvidado, más allá del océano y las montañas, donde tus esclavos martillan paredes herrumbrosas y las almas beben la negra sangre de los ángeles.
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